El artista

La periodista Isabel Domingo nos descubre al artista Stan Laurentiu con esta breve biografía, haciendo un repaso por su carrera y su lado más personal.

Retrato de Stan Laurentiu
Stan Laurentiu
Artista

Imágenes atemporales
de instantes únicos

Pese a que lo hace inconscientemente y más de lo que debería, Stan Laurentiu no es partidario de hablar de uno mismo. Nunca se ha considerado una persona especial y siempre ha pensado que cuando uno empieza a tener ese sentimiento, es momento de retirarse. Para él, sentirse único conlleva un aumento de ego totalmente innecesario y una sed intensa de reconocimiento y dominio sobre los demás, reiterándonos constantemente a través del «yo soy…», «yo tengo…» o «yo he hecho…».

Por casualidades de la vida, o quizás no tanto, a los 12 años una cámara de fotos acabó entre sus manos. Hoy, 16 años después sigue allí y han salido de ella muchísimas fotos, la gran mayoría malas, pero otras tuvieron la suerte de transformarse en pequeñas cápsulas atemporales de lo que una vez fue un instante único. «Vemos lo que vivimos, y cuando un fotógrafo dispara lo hace con todo el peso de su pasado». Entre estos párrafos encontrarás la razón de por qué lo hizo de esa manera y en ese momento, y cuánto del ayer sigue presente en el artista de ahora. No vamos a diseccionar por completo su vida, ni él considera que sea necesario para llegar a una conclusión. Puede que profundice sobre ello en el futuro, pero por ahora nos vamos a centrar en una serie de momentos clave que con el tiempo se dio cuenta de que tuvieron más importancia de la que me imaginó para su futura identidad.

Buscar el encanto en los lugares más insospechados, una forma de sobrevivir

Solo pasaron cuatro años desde que se pusiera fin al régimen comunista y ahí, en ese momento, nació él. Vivía en un pueblo donde se construyó una central termoeléctrica con todo el ecosistema de talleres, almacenes de carbón y lo necesario para hacer funcionar a ese monstruo. Así que solo tienes que imaginar cómo era aquel sitio, un lugar deprimente, repleto de edificios grises y sin sustancia. Creció en este paisaje austero y sin alma alguna. También se dio cuenta de que había algo mejor que eso y, sobre todo, había algo más bonito. Siempre ha pensado que esta fue una de las etapas que más le marcó ya que le hizo buscar el encanto en los lugares más insospechados. ¿Quizás sea esta una manera de sobrevivir? Quédate con esa idea. Quizás luego todo cobre sentido.  

Esa luz roja

Un cuarto de baño y esa luz roja. Fue en esta época cuando tuvo su primer contacto serio con la fotografía. Su padre ya trasteaba con cámaras y consiguió una vieja ampliadora con la que empezó a revelar algunas fotos. Para Stan aquello era magia, conseguir plasmar en un papel todo lo que su padre captaba. Esos instantes tan fugaces, conseguían ser eternos. Aún conserva aquella foto de cuando tenía 4 años.

Con el paso del tiempo, su curiosidad fue creciendo y con tan solo 10 años pasó por delante de una tienda de segunda mano donde tenían expuesta en el escaparate una cámara instantánea de la marca Polaroid y sin saber muy bien por qué, se hizo con ella. Aunque al poco tiempo el papel se dejó de fabricar y no fue hasta su 12 cumpleaños cuando le regalaron su primera cámara.

Ensayo-error

Stan se propuso aprender y hacía fotos a todo tipo de cosas, hasta que apareció en su vida eskateboarding y empe a hacer fotos a ello casi de forma exclusiva. Al ser un deporte muy exigente, le obligó a aprender a sacar el máximo partido a la cámara y, sobre todo, a aprender a mirar. Ahí empezó a cogerle el gusto a callejear en busca de lugares donde poder practicarlo, que a su vez fueran lo suficientemente estéticos. Un estilo callejero sigue muy profundo dentro de él, sea cual sea el tipo de fotografía que haga.

"Me he pasado la vida buscando el equilibro entre la belleza y lo pragmático"

Al poco tiempo ganó su primer premio relacionado con la creatividad. Estaba visitando una tienda local de skateboarding y vio que la revista UNO anunciaba el concurso DYOS «design your own shoes». En aquella época Stan trasteaba con un famoso programa de edición y decidió experimentar sobre la plantilla que proporcionaba la revista. Hizo varios borradores, pruebas, cambios y se dio cuenta de que eso era algo que le gustaba. Al final del día tuvo un esquema de cómo sería la zapatilla que le gustaría llevar en su día a día y que mejor le representara, pero que a su vez gustase al público al que estaba dirigida.

Más de 250 diseño llegaron de todas partes de la península, y de esos 10 finalistas, el ganador fue él, Stan Laurentiu, de tan sólo 15 años. Años más tarde se dio cuenta de que sería el mejor ejemplo de la dualidad que le acompañaría a lo largo de todo lo que ha hecho. Se ha pasado la vida buscando el equilibro entre la belleza y lo pragmático.  

Su afán por aprender y por fotografiar continuaron. Callejear se convirtió en todo un gran pasatiempo. Pasear, buscar la belleza en esos lugares que a simple vista parecen ruinas y recorrer cada uno de los rincones de la ciudad. Cada uno de estos pasos fueron clave para aprender a mirar. Algo que parece fácil, todo el mundo sabe observar pensarás. Pero mirar, captar la esencia, esa belleza que es invisible a los ojos de cualquiera ya no es tan habitual. Y ahí aparece él con su cámara, disparando, improvisando, poniendo en práctica ese ensayo-error. Hasta que lo consigue, captó ese instante. A partir de ahí surge una de las colaboraciones a la que más cariño tiene. El escultor francés, Raphaël Zarka estaba preparando su exposición en el Espai d’Art Contemporani de Castelló (EACC) y nada más ver su obra en conjunto con el mismo espacio del museo, las fotos fueron saliendo solas. La creación de Zarka consistía en una serie de esculturas sobre las que se podía patinar. Algunas de las fotos resultantes de aquel día pasaron a formar parte de su siguiente exposición llamada «Riding Modern Art» en el museo BPS22 en Charleroi, Bélgica. Y más tarde una de sus fotos de skate apareció dentro del libro con el mismo nombre.

Dispara a traición en busca de la autenticidad

Pasaron los años, hay cientos de momentos inmortalizados, buscando así la excelencia en cada instante. Si le ves algún día por la calle irá con su cámara colgando de un brazo. Disparando a traición, cuando menos te lo esperes. Ahí es donde se esconde la esencia de Stan Laurentiu. No hay nada preparado, todo fluye. Es la única forma de encontrar la autenticidad en las personas, donde descubre su alma.

Anécdotas hay muchas, pero una de las que guarda con gran cariño es la que hay detrás de la foto de Cassandra Orefice, y es también uno de sus mejores ejemplos de improvisación. El día anterior ella le escribió avisándole de que iba a estar en Madrid un par de días antes de volver a Nueva York. Estuvieron paseando y disparando (a traición no lo olvides) por Malasaña y en el ático de un hotel en la Gran Vía de Madrid. En ningún momento tuvieron nada en mente más allá de callejear y encontrar las fotos allá donde fueran. Quedaban pocas horas de luz y realmente estaban cansados de caminar bajo el sol madrileño. Pero siguieron caminando, recorriendo la ciudad hasta llegar al Palacio Real de Madrid. Y sí, de la nada, sin esperarlo ni quererlo apareció una tormenta de verano que los obligó a cobijarse debajo de las arcadas del palacio mientras la luz del atardecer hacía brillar las grandes gotas de lluvia. Cassandra y Stan se miraron e instintivamente decidimos probar. El resultado ya lo conocéis.

Así es como Stan Laurentiu mira a través del objetivo. Callejeando, improvisando, buscando lo auténtico. Así consigue abstraerse de la realidad y esta es una de las razones por las que sigue y seguirá haciendo fotografía.

Isabel Domingo en la Gran Vía de Madrid – Stan Laurentiu
Isabel Domingo
Periodista

Isabel Domingo es una periodista y una gran cuentista. Sí, como has leído. Ella puede ponerse delante de las cámaras y contarte cualquier noticia de última hora, recorrer las ciudades en busca de la información y también puede sacar su vena de escritora para poner voz a las marcas y que sean ellas las que cuenten grandes historias. Una profesional capaz de transmitir emociones a través de las palabras.

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